Después de las tormenta siempre viene la calma, es un dicho popular, otros dicen que a pesar de la tormenta, el sol sigue brillando, Todo tiene su razón, y son palabras que se han utilizado para rebajar el temor, para animar aquel que sufre el problema, bueno, la realidad es que las tormentas son necesarias, los problemas son inevitables, y aunque podemos hacer lo imposible para no entrar en los conflictos, no mojamos igualmente, oímos el estruendo de los truenos y el brillo de los relámpagos. ¿Qué podemos hacer en esos momentos? Lo mejor es buscar un refugio seguro, y no hay mejor refugio que los brazos de Jesús. Los discípulos, también enfrentaron una gran tormenta, estaban en el mar, y la barca parecía en momentos que se hundia, pero ellos despertaron al maestro, y la tormenta cesó. Cuando tu clamas, el responde, cuando tu lo necesitas, responde, Jesús es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
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