Todos los días son del Señor, suya es la tierra y toda su plenitud, no hay nada que a Él se le escape. Como hijos de Dios tenemos días buenos y quizás otros que no lo son tanto, pero si de algo estamos seguros, es que todo está bajo su control. El apóstol Pablo aprendió a estar contento cualquiera que fuera su situación. Pasar por pruebas y situaciones difíciles, no ha de ser para nosotros motivo de retroceso. Todo nos ayuda a bien, y entendamos estas cosas como un proceso necesario para alcanzar la madurez, la estatura de un varón perfecto conforme a la medida de Cristo. Si no hubieran situaciones difíciles, y no existieran las pruebas, seriamos gente sin preparación. Al igual que un soldado, necesita disciplina, y entrenamiento, así el Señor nuestro Dios nos prepara para la batalla y nos fortalece en nuestro carácter.
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