Hay problemas que vienen solos, estos no se pueden evitar, son parte de la vida, nos perfecciona, nos traen sabiduría, y nos preparan para nuevos retos. Hay problemas que vienen por nuestras malas decisiones, nos precipitamos, corremos demasiado, nos dejamos llevar por las circunstancias, por un mal consejo, y muchas veces es falta de madurez, o hemos sido víctimas de un engaño. Son problemas que se podrían haber evitado aplicando sabiduría al corazón. Hay otro tipo de problemas que conscientemente vienen por desobediencia a nuestro Dios. Tenemos el ejemplo de Jonás, un profeta que escuchando la voluntad de Dios de ir a Nínive a predicar, decidió coger un barco y alejarse de la presencia de Dios. El resultado, una gran tormenta, pérdida de la mercancía... el mismo dijo: Tiradme por la borda y se acabará toda. El mismo se buscó el problema.
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