La palabra nos dice que seamos fieles hasta la muerte, esa fidelidad es un ser constante y perseverar aun en los malos momentos, es no negar al Señor que nos rescató sin importar lo que nos pueda ocurrir. Una fe tan fuerte, tan arraigada en Cristo que no le teme a las pruebas y la persecución. Esta fe a la que algunos le llaman locura, o fanatismo, es la que llevó a nuestro maestro a la cruz, es la que tenía un servidor llamado Esteban, que no le importó a costa de su propia vida predicar la verdad. Era la fe del apóstol Pablo, y de miles de Creyentes que no han negado la fe, que han sido martirizados, simplemente por creer de todo corazón en las palabras de Jesús. Tomemos ejemplo en este tiempo, donde la fidelidad y verdadero evangelio parece cada vez más lejano, pero necesitamos recordar lo que el Señor nos dijo: "En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo"
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