Los Corazones se endurecen en la medida que no respondemos al llamado de Dios, se endurecen cuando no somos obedientes a su palabra, se endurecen cuando el orgullo supera al amor. Hemos de tener cuidado pues ese corazón endurecido ya no puede escuchar a Dios, ha perdido toda sensibilidad, hasta llegar al extremo de la incredulidad. La palabra dice en el libro de Ezequiel: Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Este es el gran milagro de Dios, que por medio su Santo Espíritu trae Santidad a nuestras vidas y la capacidad para serle obedientes.
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