La gracia de Dios hacia nosotros nos consume de tal manera que es todo de Él y nada de nosotros. La gracia de Dios es un misterio profundo que transforma nuestra existencia por completo. Cuando su amor inmerecido nos alcanza, no deja espacio para el orgullo personal. Su gracia nos consume de tal manera que desvanece cualquier intento humano de figurar. En esta realidad espiritual, entendemos que todo es de Él y nada es de nosotros.Nuestros talentos, logros y respiración dependen exclusivamente de su fidelidad. Intentar atribuirnos el mérito de nuestra salvación o bienestar es ignorar la inmensidad de su sacrificio. Su favor borra nuestro egoísmo. Nos vacía de ambiciones vanas para llenarnos con su presencia eterna.Vivamos hoy rendidos ante este amor absoluto. Permitamos que su soberanía dirija cada decisión y pensamiento. Al final del día, nuestra mayor victoria será reconocer que nuestra vida es un reflejo de su gloria. Todo el honor le pertenece a Él, por siempre.
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