Id y haced discípulos, esta fue la orden y es lo que cada uno de nosotros como creyentes tenemos que ser, primeramente discípulos, para después discipular a otros, este es el orden. Nadie puede reproducir lo que no ha encarnado primero. El discipulado no es un programa eclesiástico de unas semanas, sino un estilo de vida continuo de rendición y aprendizaje a los pies de Jesús. Ser discípulo implica modelar el carácter de Cristo en lo cotidiano: en el hogar, el trabajo y la comunidad. Sólo cuando permitimos que el Espíritu Santo transforme nuestras debilidades en fortalezas, adquirimos la autoridad moral para guiar a otros. No busques liderar si aún no has aprendido a obedecer. Asegúrate hoy de que tu caminar con el Maestro sea real, profundo y honesto.
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