El rey Saúl fue desechado por su desobediencia, pero lo que le llevó a su ruina, fue el orgullo. Adán y Eva fueron arrojados del huerto del Edén por desobediencia. Moisés no llegó a entrar en la tierra prometida por no obedecer la palabra de Dios, Jesús dijo: Porque me llamáis Señor, Señor y no hacéis lo que yo digo. La obediencia a su palabra, a sus mandamientos es necesaria, Ciertamente, no hay nadie que pueda obedecer toda la ley de Dios, y esta es la razón de la gracia y la misericordia de Dios, que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Nos corresponde luchar contra los deseos de la carne, haciendo morir lo terrenal, para que lo celestial reine. Será una batalla dura, caeremos sin duda muchas veces, pero mayor es el que esta en nosotros, y ciertamente habrá victoria.
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