Buscamos la felicidad en los lugares equivocados, y muchos darían opiniones diversas de como conseguir la ansiada felicidad. El mundo ofrece recetas pasajeras, pero la verdadera dicha no es un destino ni un bien material; es una persona: Jesucristo.La justicia de Dios operó en nosotros para darnos paz, identidad y un propósito eterno. Cuando dejas de buscar en el vacío y fijas tus ojos en Su amor, la fe se activa. No necesitas descifrar las opiniones de los hombres; necesitas anclar tu corazón en las promesas del Padre.Hoy, levántate con esperanza. Tu felicidad no depende de las circunstancias, sino de la presencia divina que ya habita en ti. Camina con la firme certeza de que Dios cuida cada uno de tus pasos y que Su gracia es suficiente para llenarte de un gozo inquebrantable. Descansa en Él, sonríe y avanza con fe
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