Hay días en que sentimos que nuestras fuerzas no alcanzan. Tal vez llevas una preocupación en silencio, una tarea difícil o una tristeza que no sabes explicar. No tienes que esconderlo delante de Dios. Puedes acercarte tal como estás, con tus preguntas y tu cansancio.
El Señor no te pide que cargues con todo solo. Él escucha tu oración y te sostiene en medio de lo que estás viviendo. Su ayuda puede llegar como paz para seguir, sabiduría para decidir o una persona que te acompaña. A veces el problema no desaparece enseguida, pero Dios permanece contigo y renueva tu ánimo.
Da el paso que sí puedes dar. Pide ayuda, descansa si lo necesitas y recuerda que tu valor no depende de cuánto logras. Cuando te falte fuerza, apóyate en el Señor. Su gracia te alcanza en este momento y su amor no te soltará.
Pastor Luis Quiros
Versículo: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» — 2 Corintios 12:9



