Nuestras razones, nuestras ideas y pensamientos, nuestra manera y forma de entender las doctrinas, nos separan de lo más importante: Del amor de nuestros hermanos, y al mismo tiempo herimos el corazón de Jesús. Somos veletas impulsadas por los vientos, piedras que se hunden en las aguas, nubes que se disipan. Nos creemos fuertes, decimos que sabemos, y cómo dice la escritura, una pequeña mosca, estropea el perfume del perfumista. Son las pequeñas zorras, las cosas triviales, sin importancia las que rompen la unidad del Espíritu.
Pero en el fondo sabemos que es la pereza, la falta de compromiso, el querer ser libres sin tener que rendir cuentas a nadie lo que nos aleja de Dios y de su pueblo. Solo la humildad real del corazón nos hará volver al camino. Solo la sinceridad y la muerte al yo nos traerá arrepentimiento. Hoy un lugar para ti en los brazos de Jesús.
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