«El fracaso de parte de muchos cristianos se debe a la no coincidencia entre la fe y el lenguaje dentro de la misma personalidad.»
Esta realidad duele, pero es liberadora. Muchas veces proclamamos creer en un Dios de amor, misericordia y verdad, pero nuestras palabras están llenas de quejas, críticas, mentiras piadosas o amargura. La fe que no transforma el lenguaje termina siendo solo una idea en la mente, no una realidad en el corazón. Jesús lo dijo claramente: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34).
El Espíritu Santo quiere alinear nuestra personalidad: que lo que creemos se escuche en lo que decimos. Palabras que edifiquen, que sanen, que declaren esperanza y verdad. Cuando fe y lenguaje caminan juntos, nuestra vida se vuelve un testimonio poderoso y auténtico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario, Es importante para nosotros conocer tu opinión.