Clama a mí y yo te responderé, dice el Señor. Esta poderosa promesa de Jeremías 33:3 no es una simple invitación; es una garantía divina de que nunca caminamos en el abandono. Cuando las tormentas de la vida nublan tu panorama y las fuerzas parecen agotarse, tu voz tiene un destino seguro: el corazón del Padre. Dios no ignora tu clamor, ni se asusta ante tus debilidades. Su oído está atento a tu oración más desesperada y a tu suspiro más silencioso. Hoy, deposita tu confianza absoluta en Su fidelidad inquebrantable. Levanta tu mirada por encima de las dificultades económicas, las enfermedades o las dudas de la mente. Mantén una fe firme y expectante. El Dios que abrió los mares y levantó a los caídos está obrando a tu favor ahora mismo. Su respuesta llegará a tiempo, revelando cosas grandes, ocultas y maravillosas que transformarán tu vida. ¡Confía!
Pastor Luis Quiros Siguenos
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