Hay días en que la mente se llena de preocupaciones y el corazón necesita un lugar seguro. Dios no te pide que finjas estar bien; te invita a acercarte tal como estás. Cuéntale con sinceridad lo que te pesa, lo que temes y aquello que no sabes cómo resolver.
La oración no siempre cambia todo de inmediato, pero nos recuerda que no estamos solos. El Señor escucha, sostiene y da fuerzas para dar el siguiente paso. Cuando la inquietud vuelva, respira despacio y entrega a Dios cada pensamiento. Puedes repetir: «Señor, confío en ti; acompáñame hoy».
Después, haz lo que está en tus manos y deja lo demás bajo su cuidado. Busca también a alguien de confianza si necesitas hablar. Su paz puede guardar tu corazón aun en medio de una jornada difícil. No tienes que cargarlo todo: Dios camina contigo y su amor permanece.
Pastor Luis Quiros
Versículo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» — Mateo 11:28


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