A veces esperamos algo extraordinario para dar gracias, y se nos escapan los regalos: una conversación, el pan en la mesa, una mano amiga, la fuerza para empezar de nuevo. Dios se hace presente, incluso en silencio, en esos detalles.
La gratitud no significa que todo sea fácil ni que debamos ocultar lo que nos duele. Significa recordar que, aun en medio de las luchas, el Señor sigue cerca y su bondad no se ha agotado. Podemos hablarle con honestidad y agradecerle por aquello que tenemos.
Hoy, antes de terminar el día, nombra tres motivos por los que das gracias. Tal vez sean pequeños, pero cada uno puede ayudarte a ver el cuidado de Dios. Luego comparte una palabra amable con alguien. La gratitud abre los ojos, fortalece la esperanza y nos recuerda que nunca caminamos solos. El Señor sostiene nuestros pasos con amor fiel.
Pastor Luis Quiros
Versículo: «Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.» — Salmo 107:1

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