Hay días en que pensamos que servir a Dios exige algo extraordinario. Sin embargo, su luz se muestra en lo cotidiano: escuchar con paciencia, cumplir una promesa, acompañar a quien se siente solo.
Jesús enseñó que la luz puede alumbrar una casa. No tienes que compararte con nadie ni esperar a tener todas las respuestas. Ofrece al Señor lo que tienes: palabras, tiempo, disposición. Él puede usar un gesto para traer consuelo y abrir una puerta de esperanza.
Si te sientes pequeño, recuerda que Dios no mide tu valor por el tamaño de tus logros. Él mira el amor con que das cada paso. Pídele ojos atentos para reconocer una oportunidad de bendecir y ánimo para responder con ternura. Camina fielmente en lo que está delante de ti. La luz de Cristo puede brillar a través de tu vida, incluso en los momentos más comunes.
Pastor Luis Quiros
Versículo: «Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.» — Mateo 5:14

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