Hay momentos en que oramos y la respuesta parece tardar. El silencio puede inquietarnos, pero no significa que Dios se haya olvidado de ti. Mientras esperas, Él sigue cerca y sostiene tu corazón.
La espera no es tiempo perdido. En ella aprendemos a confiar, a descansar en sus promesas y a reconocer su cuidado en lo cotidiano: una conversación que anima, fuerzas para continuar o paz.
No tienes que resolverlo todo. Cuéntale al Señor lo que te preocupa, con palabras sencillas. Pídele sabiduría para dar el siguiente paso y paciencia para esperar lo que aún no llega. Él conoce tus tiempos y tu necesidad.
Si hoy te sientes cansado, recuerda que Dios renueva tus fuerzas. Sigue caminando, aunque sea despacio. No estás solo en este proceso; su mano te acompaña y su fidelidad no cambia. Confía: también en la espera puede crecer una esperanza firme.
Pastor Luis Quiros
Versículo: «Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.» — Isaías 40:31

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