A nosotros nos encantan las cosas nuevas, desechamos lo viejo aunque aún esté en buen estado y abrazamos la novedad, saciar el alma es difícil porque es como un pozo sin fondo, siempre habrá algo que nos llame la atención. Cambiamos la decoración de la casa, compramos muebles nuevos, el último modelo de móvil... Sin darnos cuenta, hemos sido arrastrados por este espíritu consumista que envuelve la sociedad moderna.
Jesús dijo que su palabra no cambia, que el es el mismo de ayer de hoy y por los siglo. El nos dice:Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. A diferencia de tantas cosas, nuestro Dios y su palabra sigue siendo la misma, porque el interior del hombre no ha cambiado y necesita ser transformado, convertido, y ese milagro, solo lo puede hacer el Espíritu Santo cuando encuentra un corazón arrepentido.