Que fácil es equivocarse, tomamos decisiones a veces tan rápidas que no somos conscientes de las consecuencias y lo que pueda suceder. Cogemos de la estantería del supermercado un producto y cuando llegamos a casa, nos damos cuenta de nuestro error. Así es nuestra vida en Cristo, ¡Cuántas veces nos hemos equivocado! Actuamos movidos por nuestros sentimientos, por la tentación, por las circunstancias, y cuando reaccionamos, nos nos queda otra que doblar nuestras rodillas delante del Señor y pedir perdón. Su palabra dice que si confesamos nuestros errores, nuestros pecados y tenemos comunión los unos con los otros, su sangre preciosa, nos limpia de todo pecado. Bendito amor de nuestro Dios, que levanta al caído y no lo hunde mas el el barro. ¡Tu bondad es para siempre Jesús!
Pr. Luis Quiros
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