Cuando Jesús nos dice: «Os haré pescadores de hombres», no nos llama por nuestras capacidades actuales, sino por lo que transformará en nosotros. El discipulado no es un camino de perfección inmediata, sino de entrega diaria. Requiere soltar las redes de la autosuficiencia y confiar plenamente en su guía. Caminar con Cristo exige fe para saltar a lo desconocido y paciencia para aprender su oficio de amor. Cada paso que das en obediencia ensancha tu corazón para buscar a los perdidos. Él capacita a los llamados; no busca expertos, busca corazones dispuestos a ser moldeados. Tu labor diaria tiene un propósito eterno: reflejar su gracia divina para atraer a otros hacia su luz celestial. Mantén tu mirada fija en el Maestro, avanza con la certeza de que su Espíritu te sostiene. Responde hoy con valentía, sabiendo que su poder opera a través de tu fidelidad.
Pastor Luis Quiros Siguenos
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