Hay momentos en que alguien nos hiere y cuesta dejar de pensar en lo ocurrido. Dios no te pide que finjas que nada pasó ni que confíes de inmediato. Puedes contarle con sinceridad lo que sientes y pedirle ayuda para dar el próximo paso.
Perdonar no siempre borra el dolor de un día para otro. A veces comienza cuando decides no alimentar el deseo de devolver el daño. El Señor conoce tu lucha y puede traer consuelo, paciencia y sabiduría para poner límites sanos. Perdonar tampoco significa aceptar la injusticia: buscar apoyo y hablar con alguien de confianza puede ser necesario.
Jesús nos recibe con misericordia y nos enseña a tratar a otros con esa misma gracia. Pide hoy un corazón dispuesto, aunque el proceso sea lento. Dios puede sanar tus heridas y mostrarte cómo avanzar en paz, sin cargar solo con lo que pesa.
Pastor Luis Quiros
Versículo: «Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.» — Lucas 6:36

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