A veces oramos esperando una respuesta inmediata, pero Dios también nos acompaña mientras esperamos. Su silencio no significa que te haya olvidado. Él escucha cada palabra, conoce tus preguntas y sostiene tu corazón incluso cuando todavía no ves el camino.
La oración no necesita frases perfectas. Puedes acercarte al Señor tal como estás: con dudas, cansancio, gratitud o una petición sencilla. Cuéntale lo que te preocupa y deja un espacio para escuchar su voz en la Biblia, en una conversación sabia o en la paz que vuelve.
Hoy no tienes que resolverlo todo de una vez. Da el próximo paso con fe y entrega a Dios aquello que no puedes controlar. Él promete estar cerca de quienes le buscan. Sigue hablándole con confianza; tu Padre te ama, camina contigo y sabe cuándo abrir la puerta. Mientras tanto, su presencia es fuerza suficiente para este día.
Pastor Luis Quiros
Versículo: «Clama a mí, y yo te responderé.» — Jeremías 33:3

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