Nuestra salvación es personal, también nuestra elección de la vida o de la muerte, de la bendición y de la maldición, nosotros podemos traer una palabra, un consejo, indicar el camino, pero no podemos obligar a nadie hacer y escoger lo que nosotros hemos hecho. La palabra nos dice que:Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Nos toca a nosotros como padres y abuelos enseñar a los niños, pero ellos escogen su propio camino, solo nos toca orar y aconsejar, si es que ellos quieren oír. Obligar, presionar, juzgar, condenar, no sirve de mucho, porque el evangelio se recibe de buena voluntad, y de corazón, cierto que la palabra dice: que los esforcemos a entrar, pero ese esfuerzo es que no nos cansemos de predicar, que no los abandonemos a su suerte, que sigamos siendo constantes, pero siempre la última palabra la tiene cada uno en si mismo.
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