Solo hay una fórmula para crecer, para no abandonar para ser bendecido, y es oir a Dios y obedecer, de nada sirve saber la palabra si no la obedecemos.El conocimiento sin acción es fe muerta. Muchos pasamos años acumulando versículos, asistiendo a conferencias y llenando libretas con notas de sermones. Sin embargo, nuestras vidas no cambian. ¿Por qué? Porque el secreto del crecimiento espiritual no está en lo mucho que sabes, sino en lo mucho que aplicas.Escuchar la voz de Dios te da la dirección, pero la obediencia activa el milagro. No te quedes solo con la teoría. Si Él te pidió perdonar, hazlo. Si te ordenó dar, entrega.La bendición no persigue a los oidores olvidadizos, sino a los hacedores valientes. Hoy, da el paso. Pasa del conocimiento a la práctica y verás cómo tu vida se transforma por completo.
Cumpliendo el llamado de Jesús: ¡¡A todas las Naciones!! PASTOR LUIS QUIROS.- ¿QUIERES FORMAR PARTE DE ESTE MINISTERIO? E S C R I BE N O S : luismquiros@gmail.com IGLESIA RESTAURACION TERRASSA www.restauracionterrassa.com HORARIOS DE REUNIÓN LUNES DE 7 A 8 DE LA TARDE ORACIÓN VIERNES DE 7 A 8.15 DE LA TARDE PLENARIA DOMINGOS DE 11 A 13 HORAS PLENARIA ESTAMOS EN AV. DE MADRID 30 TERRASSA WHATSAPP +34670209338 EMAIL luismquiros@gmail.com
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jueves, 25 de junio de 2026
sábado, 28 de marzo de 2026
Cinco minutos en su presencia 28 de marzo
Nuestra salvación es personal, también nuestra elección de la vida o de la muerte, de la bendición y de la maldición, nosotros podemos traer una palabra, un consejo, indicar el camino, pero no podemos obligar a nadie hacer y escoger lo que nosotros hemos hecho. La palabra nos dice que:Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Nos toca a nosotros como padres y abuelos enseñar a los niños, pero ellos escogen su propio camino, solo nos toca orar y aconsejar, si es que ellos quieren oír. Obligar, presionar, juzgar, condenar, no sirve de mucho, porque el evangelio se recibe de buena voluntad, y de corazón, cierto que la palabra dice: que los esforcemos a entrar, pero ese esfuerzo es que no nos cansemos de predicar, que no los abandonemos a su suerte, que sigamos siendo constantes, pero siempre la última palabra la tiene cada uno en si mismo.
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